NOTICIAS

¿Síndrome de Ulises o duelo migratorio?

Las imágenes están sujetas a los derechos del autor.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los refugiados, señala que el número de personas que se ven forzadas a emigrar ha ido en aumento en los últimos meses, también se encuentra en el nivel más alto.

El psiquíatra español Joseba Achotegui trabaja con la migración en la Asociación Mundial de Psiquiatría.

A partir de 2002 comenzó a observar que “se cerraron las fronteras, empezaron políticas rudas contra la migración, las personas dejaron de tener acceso a documentos, había una enorme lucha por la supervivencia”.

Es más, esto lo pudo observar cuando acudían los pacientes a su consultorio, «estaban angustiados, indefensos, sin poder salir adelante».

Vio muchos migrantes vivir situaciones difíciles que presentaban cuadros reactivos de estrés muy intenso y crónico. Achotegui le puso el nombre: Síndrome de Ulises.

Duelo o síndrome

Por otra parte, asociamos la palabra «duelo» al sentimiento de la muerte de un ser querido. Los psicólogos lo relacionan con cualquier pérdida de la persona o mascota, como también dejar un trabajo, una separación conyugar o cambios en nuestro cuerpo.

Es primordial buscar apoyo en la comunidad de acogida para compartir experiencias y códigos culturales.

Es por ello, que el duelo migratorio está asociado al gran cambio en la vida de una persona. Pero tiene particularidades que lo hacen especial, ya que es un duelo «múltiple, arbitrario y recurrente”.

Múltiple porque no es solo una cosa la que se pierde, sino varias. Arbitrario porque no es una pérdida como ocurre con la muerte y recurrente porque con cualquier comunicación con el país o echar un simple vistazo a una fotografía puede reabrirse ese duelo.

Siete categorías de duelo

El especialista agrupó siete categorías de pérdidas. Entre ellas están: la pérdida de los seres queridos, el estatus social, algo que suele pasar por la situación de migrante, pero si, además, el país es xenófobo, sería una gran adversidad.

Otro de los duelos es la pérdida de la tierra y todo lo que representa, se suma el duelo del idioma, que será más fuerte cuando se migra a un país con otra lengua.

Puede ser una barrera para, por ejemplo, hacer un trámite o mandar un simple email.

Al mismo tiempo está la pérdida de los códigos culturales, que significa no tener con quién «echar un pie» o costumbres.

Y, asociado a esto, como último duelo, está la pérdida de contacto con el grupo de pertenencia, con aquellos con quien puedan hablar en los mismos códigos, que entenderán los modismos y forma de percibir la vida.

Detonantes

Cuando hay conflictos o rechazo de la sociedad hacia esa persona acogida, por lo que puede darse este síndrome, “no es lo mismo llegar a un país nuevo con empleo estable que sin nada seguro; tener un techo y comida, entrar con visa o con un estatus legal, tener o no ciertas condiciones, suma puntos y estrés”, explica.

A su vez, esta situación hace que los migrantes no puedan surgir, genera tensión y problemas de supervivencia, y sería otro detonante.

Al coctel puede sumarse, no tener personas a nuestro alrededor que nos apoye, no solo material, sino también emocional.

¿Qué hacer?

«Es primordial buscar apoyo en la comunidad de acogida, y estar en contacto permanente con otros emigrantes para compartir experiencias». Para esto es bueno buscar migrantes de nuestra nacionalidad o grupos específicos, esto permitirá no estar anclado en una comunidad donde prosperes menos.

Por ello, el especialista recalca que ni las decisiones drásticas ni los cortes emocionales funcionan, ya sea respecto al país de acogida o de origen.

Por último, después de un lapso no se ha conseguido esa estabilidad o lo que sentimos no ha disminuido, es momento para buscar ayuda psicológica.

¿Cómo ayudar?

La comunidad de acogida juega un papel importante, sin embargo, quien no ha vivido una migración no entenderá qué implica el duelo migratorio, ni el estrés que deriva en el Síndrome de Ulises. Puede suceder que no sepamos cómo ayudar, qué decir o que hacer.

Por ello, es importante no minimizar su sufrimiento ni generar falsas esperanzas, ante una situación incierta cuando, por ejemplo, una visa que no llega o un trabajo no se da.

Achotegui propone ni victimizar ni compadecer a la persona, «hay que acercarse con admiración y respeto, debido a que el migrante es una persona muy fuerte, porque ha salido de su país solo con una maleta llena de sueños y expectativas”.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *